Se inaugura el Festival Nacional de Tango Itinerante "Discepolín" en Villa Gesell

Del 08 al 10 de enero se llevará a cabo la primera edición del Festival Nacional de Tango Itinerante DISCEPOLIN en la ciudad balnearia de Villa Gesell. El mismo es dirigido por el productor cultural José Valle, quien contará en esta ocasión con la importante colaboración de la Asociación Cultural Geselina.
Se trata de un nuevo emprendimiento de Dandy Producciones a desarrollarse en distintas ciudades de nuestro país con la misión difundir el tango en todas sus expresiones, como así también la vida y obra del gran ENRIQUE SANTOS DISCEPOLO. 
Los distintos eventos contemplarán conferencias, debates, proyección de documentales y películas, presentaciones de libros, milongas, shows, espectáculos educativos de entretenimiento para chicos y reconocimientos a personalidades de la cultura nacional y popular.

La programación de la primera edición del festival Discepolín se detalla a continuación:

Viernes 08 de ENERO 19hs. en “La Casa de Antonia” (Calle 303 y Boulevard Norte)
Presentación del libro “EN EL NAIPE DEL VIVIR, Historias de Tango, boxeo y turf” de José A. L. Valle y show musical de Gaby “La voz sensual del tango” y Martha Gaeta.
El reconocido escritor balcarceño José Valle plasma en este libro su experiencia de 30 años en estas tres pasiones populares, volcando jugosísimas anécdotas. Por las páginas de esta edición pasan Carlos Gardel, Irineo Leguisamo, Gatica, Prada, Pedrito Quartucci, Alberto Morán, Juan Carlos Lamas, El Flaco Calígula, Délfor Medina, Vilmar Sanguinetti, Pascual Pérez, Carlos Monzón, Gogó Andreu y muchos bohemios de ley. Allí se encuentran nostalgias de glicinas, emparrados y malvones, ronda de gomías, aprontes y partidas, en las que flotaban los sones del tango y el ruido del gong, que se esparcían con un gris de madrugada, se enredaban con la ronda del botón de la esquina e iban a dormir su sueño de amor en la vieja calesita.

José Valle, nacido en San Agustín (Balcarce) es historiador, productor musical, teatral, televisivo, cinematográfico, radial, publicitario y deportivo. Creador y Director del Festival Nacional de Tango “CARLOS DI SARLI” de Bahía Blanca y del Ciclo BAHIA BLANCA NO OLVIDA que contempla ciclos mensuales de cine, espectáculos de tango, presentación de nuevos talentos y conferencias sobre historia nacional y mundial, entre otras múltiples actividades.
Es, además, Presidente del Centro de Estudios y Difusión de la Cultura Popular Argentina (CEDICUPO) y fundador de las bibliotecas "Alfredo Palacios" de Santos Lugares y " Juana Manso" de Pablo Podestá y del Festival Nacional de Tango de Monte Hermoso (Bs As).
Fue manager de boxeo, conduciendo la carrera de grandes pugilistas nacionales e internacionales; fundador de la revista mensual “Noche de KO”, Director del semanario “El informador del Gran BSAS”, ideólogo de la cruzada por más difusión de tango y folklore en los medios masivos de comunicación y del ciclo de conferencias "Historia de dos pasiones: tango y box” con la participación de Osvaldo Príncipi, Julio Ernesto Vila y Oscar Himschoot.
Entre sus obras publicadas se cuentan: “Francisco Ramírez, el caudillo enamorado”, “Carlos Di Sarli, el señor con alma de niño” (junto a E. Giorlandini y G. A. Biondo), “Roberto Achával, el último cantor de Pichuco” (junto a G. A. Biondo), “Chaco, una provincia que enamora” (junto a Gabriela A. Biondo), “El silencio que mastica el pucho” (junto a G. A. Biondo, M. Estrada, E. Benítez, E. Giorlandini y E. A. Hosni) y gran cantidad de artículos sobre una enorme variedad de temas (historia, tango, boxeo, etc.).

Sábado 09 de ENERO 21.30 hs Centro Cultural Pipach (Av. Buenos Aires N°11 y Playa).
Proyección de la película “El Hincha” de Manuel Romero, con guion del propio Romero, Julio Porter y el conocido autor de tangos Enrique Santos Discépolo, quien es también el protagonista. Fue estrenada el 13 de abril de 1951, en el cine Ocean de Buenos Aires y fue el último trabajo cinematográfico del actor, autor y compositor de tangos.
El personaje de El Ñato, interpretado por el genial Discepolín, muestra el sentimiento del seguidor de fútbol y lo retrata de manera soberbia con una actuación impecable. En el largometraje se pueden apreciar dos cualidades que definen el perfil de un HINCHA, justamente con frases inolvidables de Discépolo y que son el sentir de miles de aficionados del deporte que siguen incondicionalmente a sus equipos semana tras semana, ganen, empaten o pierdan:
- "¿Para qué trabaja uno si no es para ir el domingo a romperse los pulmones en las tribunas hinchando por un ideal? ¿O ES QUE ESO NO VALE NADA?"
- "¿Que sería de un club sin el hincha? Una bolsa vacía. El hincha es el alma de los colores. Es el que no se ve, el que se da todo sin esperar nada. Eso es el hincha... ESO SOY YO".
En la trama de esta película el personaje interpretado por Discepolín encarna a un obrero mecánico, que posterga eternamente el casamiento con su novia de toda la vida (Diana Maggi) por anteponer su amor por la camiseta. Para él "primero son los colores del club, después los macaneos amorosos". El club del cual es hincha se haya al borde del descenso y con varios problemas, de los cuales el Ñato cree haber encontrado la solución, a través del novio de su hermana, Suárez (Mario Passano), un jugador de inferiores joven y talentoso, que sólo juega por amor a la pelota. Aunque el hincha termina siendo defraudado por la corrupción de los intereses comerciales vinculados al fútbol, vuelve a encontrar en los "pibes" y el "potrero", la razón de ser del fútbol y de su pasión.

El término “hincha” para denominar al simpatizante activo de un equipo de fútbol, es una creación uruguaya de comienzos del siglo XX. Se originó a raíz de los fuertes gritos de apoyo a su equipo, el Nacional de Montevideo, que daba Prudencio Miguel Reyes, un talabartero uruguayo, cuya tarea era hinchar “a puro pulmón” la pelota del club, es decir, “el hincha pelotas” o simplemente “el hincha” del club. El término pasó luego a designar a quienes expresaban ruidosamente su apoyo a los equipos de fútbol, extendiéndose al resto de los países de habla hispana, y también a otros deportes.

Domingo 10 de ENERO 22,30 hs, Casa de la Cultura (Av. 3 N°874)
Espectáculo musical con la participación del Maestro Ricardo Cieri, Gladys Juncal “La voz de la calle Corrientes”, Rosa Urbano, Gustavo Ríos, Patricio Pedernera, Juan Telmo Beatriz del Campo, Martha Gaeta, Gaby “La voz sensual del tango”, la Escuela de Tango de Hugo Matrángelo y el Dúo Dalto-Uslé (bandoneón y guitarra).


ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO
Poeta, compositor, actor y autor teatral
(27 de marzo de 1901 – 23 de diciembre de 1951)

Los poetas lunfardos Dante Linyera y Carlos de la Púa definieron a Discépolo como un “autor con filosofía". Julián Centeya, al reseñar unos de sus filmes, habló de "filosofía en moneditas", a la vez que arriesgaba una analogía entre Discépolo y Carlitos Chaplin. Toda la producción artística de Discépolo está articulada por estilo común, un cierto aire o espíritu discepoliano que la gente reconoce inmediatamente, con afecto y admiración, como si su obra -más de una vez definida como "profética"- expresara el sentido común de los argentinos. Su singularidad sigue inquietando, tanto dentro como fuera del universo del tango. Mientras la mayoría de sus coetáneos hoy suenan extraños para las nuevas generaciones, el hombre que escribió y compuso "Cambalache" persiste, está vigente, aún para los más jóvenes. O para decirlo con una de sus imágenes preferidas: sigue mordiendo. 
Enrique se formó viendo teatro de la mano de su hermano Armando, el gran dramaturgo del grotesco rioplatense, y poco después se sintió atraído por las artes populares. Llegó al tango después de haber probado, con suerte dispar, la autoría teatral y la actuación. 
En 1917, debutó como actor, al lado de Roberto Casaux, un capo cómico de la época, y un año más tarde firmó junto a un amigo la pieza Los duendes, mal tratada por la crítica. Luego levantó la puntería con El señor cura (adaptación de un cuento de Maupassant), Día Feriado, El hombre solo, Páselo cabo y, sobre todo, El organito, feroz pintura social bosquejada junto a su hermano, al promediar los años 20. Como actor, Discépolo evolucionó de comparsa a nombre de reparto, y se recordaría con entusiasmo su trabajo en Mustafá, entre muchos otros estrenos. 
Si bien los mundos del teatro y el tango no estaban divorciados en la Argentina de Yrigoyen y Gardel, la decisión de Discépolo de convertirse en un autor de canciones populares fue resistida por el hermano mayor -Armando se había hecho cargo de la educación de Enrique después de la temprana muerte de los padres-, y no puede decirse que las cosas le hayan resultado fáciles al debilucho y tímido Discepolín. Una tibia influencia familiar (Santo, el padre, fue un destacado músico napolitano establecido en Buenos Aires) puede haber sido una primera señal hacia el arte combinado de la organización sonora y la letrística, pero la revelación no fue inmediata. Por el contrario, tanto "Bizcochito", su primera composición hecha a pedido del dramaturgo Saldías, como el notable y revulsivo "Que vachaché", editado por Julio Korn en 1926 y estrenado en un teatro de Montevideo bajo una lluvia de silbidos, fueron un mal comienzo, o al menos eso se creyó en el Buenos Aires que aclamaba los tangos de Manuel Romero, Celedonio Flores y Pascual Contursi. 
La suerte del obstinado autor cambió en 1928, cuando la cancionista Azucena Maizani cantó en un teatro de revistas "Esta noche me emborracho", un tango de tópico netamente rioplatense: aquella vieja cabaretera que el tiempo trató con impiedad. Días después del estreno, los versos de aquel tango circularon por todo el país. Los músicos argentinos de gira por Europa lo incluyeron en sus repertorios, y en la España de Alfonso XIII la composición gozó de gran popularidad. Había nacido el Discépolo del tango. Ese mismo año, la actriz y cantante Tita Merello retomó el antes denostado "Que vachaché" y lo puso a la altura de "Esta noche me emborracho". Finalmente, 1928 sería el año del amor para un intelectual cargado de inseguridades. Tania, una cupletista española radicada en Buenos Aires que se revelaría como una muy adecuada intérprete de sus tangos, acompañaría a Discépolo el resto de su vida. 
En una época en la que la autoría y la composición estaban claramente diferenciadas en el marco de las industrias culturales, Discépolo escribía letra y música, aunque esta última era imaginada con apenas dos dedos sobre el piano, para luego ser llevada al pentagrama por algún músico amigo (generalmente Lalo Scalise). Esta capacidad doble le permitió a Discépolo trabajar cada tango como una unidad perfecta de letra y música. Con un agudísimo sentido del ritmo y de la progresión dramática, con un gusto melódico impecable (Carlos de la Púa lo definió como un "Pulgarcito Filarmónico"), Discépolo se las ingenió para hacer de sus breves y muchas veces violentas historias una auténtica comedia humana rioplatense. Abandonó gran parte de la influencia modernista que hacía estragos en otros letristas y tradujo al formato "menor" de la canción ciertas ideas dominantes de la época: el grotesco teatral, el idealismo crociano, el extrañamiento pirandelliano.
La proliferación de ideas en cada letra hallaba en el humor socarrón y en el lirismo de la música un cierto equilibro, una compensación sensorial, un modo de "decir cosas" en y a través del tango. Ningún otro autor llegaría tan lejos. 
Desde luego, el hecho de que Carlos Gardel grabara casi todos sus primeros tangos ayudó en gran medida a la difusión y legitimación de Discépolo como autor y compositor de un género lleno de autores y compositores. En ese sentido, la versión gardeliana del 10 de octubre de 1930 de "Yira... yira..." figura entre los grandes momentos de la música argentina. La intensidad de la grabación, en la que no hubo recursos teatrales especiales y el cantante evitó todo énfasis innecesario, está dada por la inmediatez de la expresión gardeliana. No hay preámbulos instrumentales que familiaricen al oyente con el material, más allá de una apretada introducción de los guitarristas que exponen el estribillo con los trémolos y fraseos de bordonas típicos de los acompañamientos de la época. La línea melódica, con sencillez engañosa irrumpe de golpe, con una fuerza que excluye la queja. 
"Yira... yira..." fue escuchado e interpretado como una denuncia cargada de escepticismo. El militante ridiculizado en "Que vachaché" vuelve a la carga, pero esta vez respaldado por una crisis material profunda. Ahora, el "engrupido" que se resistía a creer que "el verdadero amor se ahogó en la sopa" ocupa el lugar de la voz cínica. Los principios han sido trocados por la realidad. Es el triunfo del descrédito, pero ya sin el cinismo - y mucho menos el grotesco- de unos años antes. El personaje de "Yira... yira..." confió en el mundo, y este lo defraudó. Como en otros tangos de Discépolo, la letra cuenta una "caída", un desalmado amanecer: ya no hay espacio para el engaño y la impostura. (Desde esta perspectiva, no están del todo equivocados quienes han visto en Discépolo a un moralista decepcionado por la modernidad, aunque tal vez sea mucho más que eso). 
La línea que empieza con "Que vachaché" y madura en "Yira... yira..." se continúa en los tangos "Que sapa señor" y, en 1935, "Cambalache" Pero no es este el único "estilo" del arte compositivo de Discépolo. Este supo ser romántico en el vals "Sueño de juventud", burlón en tangos "cómicos" como "Justo el 31" y "Chorra", expresionista en "Soy un arlequín" y "Quién más, quién menos", pasional en "Confesión" y "Canción desesperada" y un tanto nostálgico y elegíaco en "Uno" y "Cafetín de Buenos Aires", ambas creaciones escritas conjuntamente con Mariano Mores. 
Enrique Santos Discépolo nació en el barrio porteño del Once, el 27 de marzo de 1901, y murió el 23 de diciembre de 1951, en el departamento céntrico que compartía con Tania. Su compromiso con el peronismo, hecho público a través de su breve y fulminante participación en un discutido programa de radio, lo distanció de varios de sus viejos amigos. Dos años después de su muerte, cuando las trincheras políticas ya no lo necesitaban pero varios de sus tangos seguían golpeando en la conciencia colectiva, Discépolo fue recordado por el escritor Nicolás Olivari en una nota memorable. Allí Olivari aseguraba que el autor de "Yira... yira..." había sido el perno del humorismo porteño, engrasado por la angustia. En cierto modo, aquella era una definición discepoliana. 
Obras de Discépolo:  Alma del bandoneón (1935), Malevaje (1929), Cafetín de Buenos Aires (1948), Martirio (1940), Cambalache (1934), Melodía porteña, Canción desesperada (1945), Por qué te obstinas en amar a otro si hoy es lunes (1932), Carillón de La Merced (1931), Porvenir (1932), Chorra (1928), Qué sapa señor (1931), Condena (1937), Qué vachaché (1926), Confesión (1931), Quién más quién menos (1934), Cuatro corazones, Secreto (1932), Desencanto (1936), Sin palabras (1946), El choclo (1947), Soy un arlequín (1929), Sueño de juventud (1931), En la luz de una estrella, Tormenta (1939), Esperar, Tres esperanzas (1933), Esta noche me emborracho (1928), Tu sombra, Fangal (1954), Uno (1943), Infamia (1941), Victoria (1929), Justo el 31 (1930), Yira yira (1930), Alguna vez, Andrajos, Mensaje, Primavera, Con una mentira (1937).

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